Hace unos meses, mientras nos tomábamos un par de Voll-Damm y un par de tapas en el “Antigua café” de Zaragoza, conocimos a un joven que estaba desayunado junto a su perra, un galgo blanco que había recogido de una protectora. Me llamó la atención puesto que no suelen dejar entrar animales en cualquier sitio, y nos comentó que tenía el permiso de los dueños desde hacía tiempo para poder estar allí sin problemas.
No pude resistirme a fotografiarla, puesto que era de lo más hermosa. Continuo sin entender (ni entenderé) el triste final que tienen algunos de estos perros cuando “no sirven para la caza” o no son “lo suficientemente rápidos” en las carreras…

28 Diciembre, 23:00
tengo una igualita…es divina!!! saludos es hermosa!!