Llegan las 8 de la tarde de un viernes. Estas en casa aburrido, solo. Decides arreglarte un poco y bajar al bar de la esquina. Esa cafetería que lleva viendo tu careto semana tras semana, en la que trabaja tu amigo el camata, el de todos los días, el que te da las buenas tardes y te pregunta la misma frase desde hace ya tiempo: “lo de siempre, jefe?”. Decides tomarte ese whisky de malta que saboreas trago a trago y que hace que olvides que la vida se ha vuelto un tanto monótona y que nunca parece que vaya a dar un giro inesperado. Pero ahora eso poco importa. Ahora toca desconectar de todo. La casualidad hace que detrás de ti un señor pare porque el perro que está paseando ha olido algo interesante, que otro señor, parado sin motivo aparente, dirija la mirada donde tu te encuentras, como vigilando, y que un fotógrafo tenga la suerte de capturar esta bonita escena.

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